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‘Haga las maletas’: la rentabilidad no viaja en la deuda más segura

octubre 8, 2012

https://i2.wp.com/s01.s3c.es/imag/_v3/ECONOMISTA/Economia/225x250/Alemania-Bundesbank.jpg¡Tengan cuidado! La represión financiera acecha, con su capacidad para provocar que las cosas no sean siempre como parecen. Lo seguro no es rentable y lo rentable… no es seguro.

Imagine que usted mete 10.000 euros en una caja fuerte. Y que al cabo del tiempo, cuando la abre, se encuentra con que solamente hay 8.500 euros. Seguramente, se enfadaría. Y mucho. ¡Pensaría que alguien le ha robado 1.500 euros! No sería, desde luego, una experiencia agradable. Otro ejemplo. Imagine que invierte 10.000 euros en deuda pública alemana a 10 años, porque, como es la más segura y fiable del mundo, considera que representa la mejor caja fuerte que existe en estos momentos. Pues bien, al cabo del tiempo -pasados esos 10 años-, cuando la abra de nuevo, ¡se encontrará con el mismo agujero! ¡Comprobará que, realmente, esa cantidad se ha convertido en 8.500 euros -exactamente, en 8.467,2 euros-! ¿Perdón? ¿Cómo voy a perder 1.500 euros si compro hoy bunds alemanes?, puede pensar. Pues sí, suena raro, pero ese riesgo es absolutamente real.

La culpa la tiene la represión financiera, otro de los efectos desencadenados por esta enrevesada crisis. ¿En qué consiste? En que las reducidas rentabilidades que ofrecen actualmente los activos más seguros, como consecuencia de los bajos tipos de interés con los que los bancos centrales pretenden estimular la economía, no alcanzan para cubrir el encarecimiento del coste de la vida -la inflación-. Por tanto, invertir en ellos conduce a rentabilidades reales negativas. Es decir, no dan para cubrir la inflación, con lo que en términos reales -esto es, restando la inflación al rendimiento logrado- esa inversión no genera ganancias, sino pérdidas; de ahí que la cantidad inicial conduzca a una cifra final inferior, con lo que menoscaba el poder adquisitivo del inversor. En definitiva, todo un agujero en el bolsillo para tratarse de una caja fuerte.

Los refugios no rinden…

Esta realidad se refleja en el caso de los bonos alemanes a cinco años. Pero también en sus títulos a 10 años, así como en la deuda a medio y largo plazo de aquellos países que tienen una consideración de seguros, como pueden ser también Estados Unidos o Reino Unido. Tomando como referencia la inflación media de España en la última década, que se sitúa en el 2,7 por ciento, y si se proyecta la relación futura entre ese promedio y el rendimiento actual que ofrece la deuda soberana de esos países, pasados esos cinco o esos diez años se sufre finalmente una pérdida en términos reales. En esos tres países, los números rojos -siempre considerando esa inflación media del 2,7 por ciento- acumulados al cabo de esos años se moverían entre el 10 y el 16 por ciento -ver gráfico-. Otro ejemplo. Si un ahorrador español invirtiera hoy una cifra equivalente a 10.000 euros en bonos estadounidenses a 10 años, pasado ese tiempo obtendría 11.710 euros con esa inversión. Aparentemente, no está mal para ser deuda pública. Pues no, no es así. Porque en términos reales, estaría perdiendo 1.342,8 euros, ya que en el mismo periodo la cesta de la compra se hubiera encarecido de los 10.000 hasta los 13.053 euros.

Estos datos, extrapolables a la deuda de otras naciones donde los intereses son igualmente bajos, conducen a una conclusión sorprendente. “La seguridad cuesta dinero”, advierte Pedro Dañobeitia, director general de la gestora DWS. Y esta idea desemboca en otra realidad: invertir en los refugios, en la deuda de esas naciones y en otros productos como pueden ser los depósitos, equivale a sufrir pérdidas reales. “El dinero está donde no tiene que estar. Hay que buscar valor. Poco a poco hay que ir entrando en activos de riesgo”, agrega Dañobeitia.

Y aún hay otro peligro potencial. Si los rendimientos de la deuda soberana están más bajos que nunca en los países más seguros, se debe a que los precios de los bonos se encuentran en máximos históricos -la relación entre los rendimientos y los precios es inversa; si bajan los primeros es porque suben los segundos-. Por tanto, y en caso de exponerse a esta deuda a través de fondos de inversión, el partícipe se expone a una doble amenaza: por un lado, la mencionada de una rentabilidad real negativa; y por otro, el riesgo de que los precios de los bonos bajen, con la consiguiente pérdida para ese fondo.

…y el riesgo da miedo

Esta situación acentúa así una de las constantes fundamentales del mundo de la inversión: el binomio rentabilidad-riesgo. Si la pretensión de un mayor rendimiento siempre requiere buscar inversiones menos seguras, en este caso esta relación se ve reforzada porque, precisamente, los activos refugio no generan ganancias. “Hay una búsqueda desesperada de rentabilidad en todo el mundo”, confirma Dañobeitia.

Lo curioso en este caso es que se trata de una tendencia inducida por los principales bancos centrales del mundo. “O arriesgas más tu dinero, que es lo que quieren los banqueros centrales con sus inyecciones de dinero barato, o te empobreces. Suena paradójico, pero ahora tratan de resolver la crisis con inflación, porque en ella encontrarían un camino para pagar la deuda con mayor facilidad, y eso genera unos tipos reales negativos que incentivan la asunción de riesgos”, comenta un experto de una gestora internacional de fondos de inversión.

Por consiguiente, a la hora de buscar rentabilidad, hay que cargar las maletas de riesgo. Como el que ofrece en estos momentos la deuda periférica. Los casos de Grecia, Irlanda y Portugal son extremos, pero los expertos reconocen que la situación de Italia y España resulta diferente, ya que ofrecen un alto interés, sin que sus riesgos sean tan elevados como del resto de los periféricos.

La difícil posición de sus finanzas públicas se ha traducido en que sus respectivas deudas abonan unos intereses sustancialmente superiores a los de Alemania, Reino Unido o EEUU. Así se refleja en sus primas de riesgo, es decir, el interés adicional que pagan en comparación con el que desembolsan esos países. En estos momentos, el rendimiento de los bonos españoles a 10 años, situado en el 5,68 por ciento, supera en 417 puntos básicos -ó 4,17 puntos porcentuales- el de los bunds alemanes; en 397 puntos el de los bonos estadounidenses; o en 391 puntos básicos el de los títulos británicos a una década. En el caso italiano, esas brechas se encuentran en los 353, los 271 y los 265 puntos básicos, respectivamente.

Pero, precisamente, la existencia de estas brechas es la que permite invertir en sus bonos sí permite obtener rentabilidades reales positivas. Invertir hoy 10.000 euros en bonos españoles a 10 años conduciría a unos beneficios reales, una vez restada la inflación, de 2.627 euros dentro de una década. ¿Y si retornan unas tensiones como las sufridas en julio, cuando el rendimiento del bono español llegó a escalar al 7,75 por ciento, con el consiguiente peligro de sufrir pérdidas por la caída de los precios? Ese riesgo ha quedado disipado con la última maniobra del presidente del Banco Central Europeo (BCE), Mario Draghi, quien ha auspiciado la creación de un nuevo programa de compras de deuda pública, que responde a las siglas OMT. Con este plan, la entidad se ha comprometido a comprar todos los bonos de entre uno y tres años que haga falta, porque ha anunciado que las adquisiciones serán ilimitadas. Aunque para activar el OMT resulta preciso que los países que quieren beneficiarse de él pidan antes el rescate a Europa, sus efectos ya son evidentes. Como resaltó Draghi este jueves, ha servido para “aliviar” la presión en los mercados. Y como constatan desde DWS, es la prueba de que “la put de Draghi ha entrado en acción”, en referencia a que las compras potenciales del BCE ya ejercen un efecto disuasorio en los inversores.

Pero, además, la represión financiera estimula otro movimiento en el universo de la inversión: la búsqueda de seguridad… ¡en los mercados emergentes! En su caso, conjugan rendimiento, porque su deuda en divisa local ofrece unos intereses más altos, y seguridad, porque sus finanzas públicas se encuentran más saneadas que las de otros mercados desarrollados. “En el entorno actual, los inversores ya no es que acudan a los mercados emergentes para buscar rentabilidad, es que también lo hacen para encontrar seguridad. Es un cambio sustancial que se deriva de la situación en la que se encuentran los países desarrollados”, argumenta Pablo Goldberg, responsable global del servicio de estudios para mercados emergentes de HSBC.

Otro caso hipotético refleja esta realidad. En estos momentos, Brasil desembolsa un interés del 9,77 por ciento por sus bonos a 10 años. Este rendimiento propicia que, dentro de una década, los 10.000 euros actuales se conviertan en 19.770 euros, con lo que las ganancias acumuladas reales ascenderían a 6.717,2 euros.

Fuente: ElEconomista.es

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